Pasada la media noche Jorge y Laia duermen, pero yo me he quedado en el salón escribiendo una nueva entrada para el blog sobre sexualidad: Homosexualidad, bisexualidad e infieles heterosexuales. Al plasmar en palabras mis pensamientos me libero de ellos, desnudo mi entendimiento y medito sobre las emociones que me alteran. Solo así acabo comprendiéndolo todo, comprendiéndome a mí misma, con más claridad. Escribiendo me adormezco, me abandono y levito. Todo se evapora y pende sobre mí como una nube: mi vida entera, mis recuerdos, mi imaginación y mi personalidad. Contradictoriamente me siento yo y, a la vez, otra persona. Es como asistir a un espectáculo en un escenario que no reconozco. Cuando leo algo que escribí hace años, me parece que no lo he escrito yo sino una extraña, no me reconozco en las palabras hilvanadas, en los párrafos que se van sucediendo uno detrás de otro y mucho menos en las amenazadoras páginas que me retan, burlándose de la creadora, con sus historias. Me asusto un poco ante este hecho y acabo destruyendo las extrañas páginas o borrando los amenazantes documentos. A veces me pregunto si no será porque sufro de anamnesis, recuerdos de una vida anterior que salen a relucir en los momentos en los que estoy más abstraída del mundo, cuando escribo. Con la edad mis emociones, mi imaginación, mi inteligencia… van por aquellos derroteros que les vienen en gana, o por caminos tan sinuosos, tortuosos y enigmáticos que siento que mi personalidad se sale de los márgenes por los que había deambulado hasta ahora. Para esta nueva entrada del blog empezaré analizando la homosexualidad.

  amigas-o-lesbianas-02 

«Generalmente los ateos sienten una simpatía natural por los gays, ya que les unen varias cosas: son minoría en la sociedad, son considerados pecadores y en la Biblia se les condena al infierno. Sin embargo, hay teorías en las que se insinúa que el Rey David pudo haber tenido una relación homosexual con Jonatán. Son numerosas las referencias a que «le amaba como a sí mismo», y lapidaria la frase: “Mas maravilloso me fue tu amor que el amor de las mujeres”. Los que se echan las manos a la cabeza ante esta tesis alegan que el episodio en el que se deja entrever esta relación en la Biblia es ambiguo y que entre David y Jonatán solo había “la máxima expresión de amistad entre dos hombres que se aprecian mucho”. ¡Sí, claro!, porque ven “pecados” en lo que les interesa y no es el caso en la relación “diferente” de esos dos

. url10

Son numerosas las alusiones condenatorias a la homosexualidad en la Biblia, por ejemplo nos encontramos con los siguientes versículos: Levítico 18,22 “No te echarás con varón como con mujer; es abominación”. Levítico 20, 13 “Si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos; sobre ellos será su sangre”. Corintios 6, 9-10 “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones?”. Al final, en estas palabras lo que hay es horror a todo tipo de sexo. Probablemente, sabido lo anterior, no debe de haber mucha gente morando en el reino de Dios, y los que hayan ido a parar allí tienen que ser de un frígido y aburrido…

  lesbianas2

En la Grecia antigua, Platón argumentó a favor de que el ejército se formase con amantes del mismo sexo. Tebas llegó a tener un regimiento de este tipo, La Banda Sagrada de Tebas, formada por quinientos soldados y que fueron renombrados por su valor en la batalla. A lo largo de los siglos, las leyes de Europa contra el sexo homosexual fueron severas en sus penalidades. Sin embargo, como la gente estaba tan atemorizada y ocultaba en gran medida estas prácticas, apenas sí hubo enjuiciamientos. En el siglo XIX el aumento del prestigio de la medicina implicó el poder explicar la sexualidad como algo innato o impulsado biológicamente. Sigmund Freud le respondió a una preocupadísima madre, que estaba buscando desesperadamente algún tratamiento para la homosexualidad de su hijo, de la siguiente manera: “Obtengo de su carta que su hijo es homosexual. Estoy impresionado por el hecho de que usted no expresa el término en la información que de él me da. ¿Puedo preguntarle por qué evita la palabra? La homosexualidad puedo asegurarle no representa ninguna ventaja, pero tampoco es algo de lo cual avergonzarse, no es ningún vicio o degradación; y no puede ser clasificada como una enfermedad. La consideramos como una variación de la función sexual. Muchos altamente respetables individuos de tiempos modernos y antiguos han sido homosexuales, algunos de los más importantes en su época (Miguel Ángel, Leonardo Da Vinci, Platón, etc.). Es una gran injusticia perseguir la homosexualidad como un crimen, y una crueldad también. Si no está de acuerdo conmigo, lea los libros de Havelock Ellis”(…) 

lesbianas 

En el siglo XX, con la declinación de las prohibiciones referidas al sexo por placer, en los países menos retrógrados y religiosos, se hizo más difícil ir contra el sexo homosexual. En la década de los sesenta comenzó su recorrido el movimiento de liberación gay, aunque los grupos para los derechos de gays y de lesbianas ya llevaban décadas de existencia. Se podría hablar y, de hecho, se ha hablado, argumentado, escrito, etc. largo y tendido sobre este tema, pero como yo no soy ninguna experta, aunque abandere la libertad sexual de pleno derecho, acabo estas elucubraciones con el siguiente enunciado: “La presunción más frecuente que se hace sobre la orientación sexual de los individuos es que las personas pueden responder eróticamente ante la belleza de cualquiera de los dos sexos”». 

Bisexual

En cuanto a la bisexualidad, fascinante el artículo que he encontrado y leído en http://www.mundopsicologos.com, del psicólogo Denis Pascon: «Popularmente se percibe la bisexualidad como un estado no equilibrado en la sexualidad de una persona. Imaginemos por un instante un equilibrista y una cuerda tendida entre dos puntos: el acróbata camina en este continuum y en público lo mira esperando el momento en que volverá a una de las dos bases, a ese lugar seguro; pero el funámbulo no se para, llega muy cerca de uno de los extremos, sin pisarlo; espera un segundo y en seguida se aleja; tal vez vuelve al punto central de la cuerda, donde el equilibrio —dicen—es más difícil Lo que para el funámbulo es una búsqueda —búsqueda de equilibrio, búsqueda de sí mismo— para la mayoría del público representa una incertidumbre insoportable; una falta de elección, un dar vueltas sin sentido». Esta comparación es tan acertadísima que la copio literalmente. Ser bisexual debe ser difícil, puede que tormentoso e, incluso, puede que signifique tener que enfrentarse a una doble discriminación. Esto último es argumentado por el autor del artículo de forma clara y, a mi parecer, totalmente atestiguada: «Por un lado, el mundo heterosexual juzga frecuentemente la bisexualidad como una transgresión. De la persona bisexual se dice que es promiscua, que le gustan las situaciones morbosas y que es incapaz de ser fiel y de construir una sólida relación de pareja. Por otro lado, el mundo homosexual muy a menudo interpreta la bisexualidad como cobardía: la persona bisexual es la que no sale claramente del armario, la que tiene miedo a revelarse o la que no asume totalmente la responsabilidad de ser “diferente”».

  bisexuales--644x362 

Transgresión, promiscuidad, incapaz de ser fiel, cobardía… Demasiadas etiquetas me parece a mí. ¿Podemos seguir poniéndolas todavía, en España, en los tiempos que corren? La literatura que más se vende en estos momentos, en casi todo el planeta, son las novelas románticas-eróticas. Aquellas en las que las protagonistas femeninas son jóvenes inocentes e inexpertas, pero que se convierten en lobas al lado de hombres tortuosos y experimentados que les enseñan otras formas de vivir su sexualidad. Sexo que se aleja de lo que generalmente se considera normal. Por ejemplo, el sadomasoquismo de Cincuenta sombras de Grey, o las novelas de Megan Maxwell, la trilogía de Pídeme lo que quieras, que se recrea en los tríos, orgías, etc. «Hoy en día el concepto de “sexualidad fluida” es lo más innovador que hay sobre este tema. Significa que la orientación sexual no es predeterminante ni estable, sino que se puede cambiar durante toda la vida». No puedo estar más de acuerdo. Un concepto de una simpleza que puede parecer trasgresora, pero que en el fondo debería representar la realidad sexual de los individuos. «En la actualidad ser bisexual significa callárselo o hablarlo, esconder una parte de sí para tranquilizar a los otros o explorar un equilibrio distinto». Una pena, pero debe ser cierto. 

bisexual_bisexualidad_Nueva_york_adolescentes_NYC_estudio 

«La primera alternativa permite sin embargo la invisibilidad a un precio sostenible, renunciar a un deseo incómodo y elegir una identidad coherente con el sentido común (…), conscientes de que dentro de sí mismos, en alguna parte, se queda un sutil sentido de inquietud, de inestabilidad. La segunda alternativa es la confrontación, ponerse a prueba en las relaciones y descubrir lo que se quiere de verdad, vivir y buscar el propio equilibrio personal de atracción y saber pedir ayuda si resulta difícil encontrar una adecuada definición de sí mismo». Después de leerme este artículo, y decenas más, llego a la conclusión de que definir la bisexualidad es muy difícil y yo no tengo los conocimientos ni la práctica, je, je, je, para ello. Solo me queda hablar de la infidelidad en el matrimonio para acabar la entrada del blog.

  INFIDELIDADES--644x362

Mi «amigo invisible» me ha regalado este año la novela La verdad y otras mentiras del escritor alemán Sascha Arango. Es una comedia negra cuya acción gira alrededor de un personaje, Henry Hayden, al que le caracteriza ser un mentiroso, un asesino, un aprovechado, un estafador y un adultero. Un ser que encuentra más sencillo matar que olvidar, asesinar que excusarse y estafar antes que pedir perdón. Sin la casualidad, Hayden sería quien parece ser. Un novelista de éxito que vive en un pueblecito de la costa. Lo que vamos sabiendo es que las novelas se las escribe su mujer y que tiene como amante a su directora editorial, que ha tenido la mala suerte de quedarse embarazada de él. El personaje de Henry Hayden nos recuerda al Mr. Ripley de Patricia Highsmith, pero yo me sigo quedando con este último porque la novela de esta autora es muchísimo mejor que la de Sascha. Traigo a este marido literario como modelo de la infidelidad porque es el referente más cercano que tengo, ya que me acabo de leer el libro. Tal vez me pase un pelín con ponerlo como ejemplo. ¡Menuda farándula si todos los que engañan a sus parejas, ya sean chicos o chicas, fueran por ahí con la mala uva de este personaje! Sin embargo, el quid de la cuestión es el engaño, la mentira, no el romper un compromiso, o, la fidelidad hasta que la muerte nos separe. Gilipolleces. Hoy en día está de moda ser infiel. Más claro el agua. Podemos utilizar aplicaciones de móvil que ayudan a ser infieles como por ejemplo: Ashley Madison, que ofrece la posibilidad de buscar una aventura extramatrimonial; Carrot Dating, cuyo lema es «¿Qué serías capaz de ofrecerle a la mujer de tus sueños a cambio de una cita» y cuya idea es que los usuarios ofrezcan sobornos a aquellas personas con las que quieren tener una cita y con las que normalmente no tendrían ninguna oportunidad; Vaulty Stocks, una gran aliada para los infieles, porque parece una aplicación para mantenerse al tanto del comportamiento de la bolsa y en realidad sirve para ocultar fotos o videos, etc. ¿Pero qué ocurre sí descubres que tu pareja te ha sido infiel a través de las redes sociales o por qué utiliza este tipo de aplicaciones? Pues que debe de doler, que se sufrirá la misma angustia y se materializará de la misma manera que cuando se conoce una infidelidad carnal. ¿Por qué se es infiel? Esta pregunta se ha hecho en todas las sociedades y en todas las épocas de la humanidad. La mayoría de las personas entiende la infidelidad como un engaño, algo asociado a la traición, a la ruptura de un compromiso como dije anteriormente. No hace tanto tiempo era lógico y aceptado que un hombre tuviera varias relaciones sentimentales a la vez, todo lo contrario que la mujer, que era terriblemente estigmatizada si se atrevía a comportarse de la misma manera. En la actualidad, para muchas parejas la infidelidad es una razón de peso para terminar con su relación de pareja. A los infieles lo que más les preocupa es: «¡Qué no me descubran!».

  infidelidad1-580x300 

Es rarísimo encontrar una pareja con mentalidad abierta que entienda que la infidelidad no significa que haya una decadencia total del amor. ¿Se pueden querer a dos personas a la vez? Yo, no sabría decirlo, mi experiencia en ese terreno es bastante sosa, pero mi imaginación, mi raciocinio, mi tolerancia y demás me sugiere que sí. Son muchas las excusas que ponen las personas infieles: «Había bebido demasiado y no controlaba», «Ha sido un error», etc. Creo, sinceramente, que la infidelidad tiene su origen tanto en un problema personal como a nivel de pareja. Es más, debe de estar íntimamente relacionada en como gestionamos los lazos emocionales desde nuestra infancia. Los sentimientos que hemos ido forjando a lo largo de los años son los que cada persona tiene para entender el amor o para establecer los límites de sus deseos. Lo más normal es que se piense que sí ha habido una infidelidad en una pareja es porque esta tenía algún tipo de problema y, normalmente, suele ocurrir que coincide con dudas sobre la relación o los sentimientos que comparten. A veces suele estar relacionado con no sentirse comprendido o amado por la otra persona, sentirse abandonado, etc. Para ir finalizando, si nos basamos en un aspecto evolutivo, podríamos decir que los hombres tienen por instinto la necesidad de mantener más relaciones sexuales, por eso de tener cuantos más hijos mejor. La descendencia, quién los va a heredar y demás tiene mucho peso en el ego. En cuanto a las mujeres, el asegurarse de quedarse embarazadas, implica que cuantas más relaciones sexuales se tengan mucho mejor. Claro que, hoy en día, las mujeres como que no tienen tanto interés en ser madres e, inclusive, un porcentaje importante no quiere ni oír hablar del tema. 

Infidelidad

¿Se puede perdonar la infidelidad? Cada persona vive su relación de pareja de forma distinta, lo que está bien para algunos no les vale a otros. Se puede pensar: «El que pone los cuernos una vez, lo volverá a hacer», o, se puede ver como algo momentáneo y que nunca más volverá a pasar. Sin embargo, hay que ser conscientes de que para que se dé la ruptura de una relación, no es necesaria la existencia de un amante, sino que también se puede producir por perder cosas tan valiosas como el placer de estar juntos, el calor emotivo, la intensidad en la satisfacción sexual o la comunicación. Para finalizar una advertencia, una gran amiga, e infiel por naturaleza, me dijo una vez que la infidelidad es tan buena que no se debe de probar, porque es como las drogas, una vez que se prueban… Sí es así, entonces también puede destruir todo lo bello y noble que se tenga. Así que, ¡ojo!          

Anuncios