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Carpe diem, locución latina que significa literalmente “aprovecha el momento”. La vida es voluble y caprichosa, a veces se está arriba y otras abajo pero nunca parado. Así que, hay que exprimir los buenos momentos y vivir con toda la intensidad posible, “como si no hubiese un mañana”. Sin embargo, no es tan fácil seguir al pie de la letra lo mencionado anteriormente porque las preocupaciones, enfermedades o problemas impiden que se pueda disfrutar positivamente de cada instante de nuestra existencia. La edad es fundamental para llevar estas premisas al máximo exponente. Cuarenta y pocos años dan para saber cuándo parar, por qué luchar, los sueños que perseguir y las personas que valen la pena retener a tu lado.

Lo que es increíble es que haya individuos que pierdan el tiempo siendo la fotocopia de otra persona, que sean incapaces de vivir con plenitud su propia historia por una enfermiza dependencia a la imagen que otro semejante proyecta en la sociedad.

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Por ejemplo, están aquellas que aún teniendo parejas con la que experimentar verdaderas historias de amor se pasan el día bajándose fotos de Internet de Andrés Velencoso, de San Heughan o del último posado de bomberos de turno. Babean sobre ellas además de tuitearlas o colgarlas en Facebook. Enviar, esporádicamente, una de esas fotos a alguna amiga que necesita que le levanten el ánimo es necesario y divertido, pero cuando ese bombardeo es constante y repetitivo…, ufffff…, habría que ir pidiendo cita a un psicoanalista.

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Lo más patético es que se creen molonas y modernas por hacerlo, pero la imagen que dan es la de que deben estar aburridas de sus compañeros, que éstos ya no las ponen o  que cuando cierran los ojos, entre sus brazos, están imaginándose que las están follando los anteriormente mencionados. Lo mismo ocurre con los maromos que nos describen en las novelas eróticas y de las cuales son feroces devoradoras. Se enamoran de esos personajes y se olvidan de la persona de carne y hueso, con sus virtudes y sus defectos, que está al lado. Y que conste que merecen mi máximo respeto este género literario, que yo también leo de vez en cuando para reírme, para pasar un buen rato y para entresacar algún que otro momento erótico con el que poder sorprender a mi compañero en la cama. Después de veinte años juntos, en los que hemos hecho y experimentado de todo, es difícil pasmarlo pero se intenta y, lo más importante…, que no cejo en el empeño, je, je, je.

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Súper recomendables las novelas de la escritora Elisabet Benavent. Las historias de Valeria y tres amigas españolas, en sintonía con el argumento que nos enganchó a Sexo en Nueva York. Si queréis conocer más a la autora o si todavía no habéis escuchado hablar de ella, aquí os dejo el enlace a su blog. Vale la pena leerse sus entradas porque son desternillantes http://betacoqueta.com

Las pobres e inseguras veinteañeras o treintañeras, con pareja, que actúan así son imitadoras natas de las chicas singles, quieren tener la libertades de éstas y, por ver, sólo ven el lado superficial de sus vida pero no la tristeza con la que muchas veces conviven, por estar solas o por los intentos fallidos en sus relaciones sentimentales. En el transcurrir temporal no todo es luz ni oscuridad, sino que en cada etapa de nuestra vida se despliega una extensa gama de colores.

Luego están las fans de famosillos que son asiduos a las redes sociales: Twitter, Instagram, Facebook, etc. Se les va la cabeza siguiéndolos a todas horas y comprobando compulsivamente si han dejado algún mensaje nuevo. Ayer leí una entrada muy buena sobre este tema en el blog de http://www.cabronasimperiales.blogspot.com.es/2014/05/a-peticion-popular.html?m=1

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Si ojeáis la entrada comprenderéis lo que quiero decir. ¡La de horas y horas que deben de perder esas chicas siguiendo a los famosos en las redes! Imagino sus caras de éxtasis cuando uno de ellos les da un «me gusta» o les «retwettea» alguno de sus comentarios. Estas fans no viven como si no hubiese un mañana, sino que subsisten con las pobres migajas que se les arroja arbitrariamente y según el humor del personaje de turno.

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Y qué decir de aquellas que se hacen las “más mejores amigas” de un perfil de Twitter, Facebook o Instagram y que se olvidan de los amigos que tiene al lado. Es de lo más melodramático ver a un par de amigas en una cafetería sin contarse “in situ” sus problemas o preocupaciones porque lo están twitteando a los cuatro vientos, y no les parece “cool” hacerlo de la forma tradicional o, peor aún, aquellas que creen que sus mejores amigas o amigos son los desconocidos de Internet, de los que no conocen nada más que la imagen distorsionada que proyectan ahí, y reniegan de los que siempre han estado a su lado en los buenos y en los malos momentos. Para descojonarse cuando vuelven a la realidad, con el rabo entre las piernas, porque se «han malinterpretado» palabras escritas en un momento de relajación mental y esas amistades intensísimas se han desmoronado como castillo de naipes. Tantos «amores», «cariños», «lindezas» y «princesas» se quedan en tinta invisible. No diré que se convierten en odios eternos…, porque con darle a la pestañita de seguidores y dejar de seguirlos (valga la redundancia) se les borra del mapa, pero…, ¿para qué malgastar tanta energía en darle coba a alguien si puede llegar a ser tan efímero como el humo de un cigarrillo?

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Cookies girls sed auténticas, escribid vuestras propias historias en las páginas de la vida y mirad a vuestro alrededor, porque ahí es donde se cuece todo lo interesante y no en las ondas, en el espacio, de Internet.

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