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¿Qué pasa cuando los cotilleos se convierten en dardos venenosos que pueden herir profundamente a la persona de la que se habla mal?
Este fin de semana me han contado que en un grupo de Whatsapp, bastante numeroso, se están burlando de una amiga que ha puesto en Facebook, como foto de perfil, una foto suya en biquini. La verdad es que esa foto, artísticamente hablando, no es muy buena, pero de ahí a que se hagan comentarios como:

– Esta tía no tiene sentido del ridículo.
– Está súper operada.
– Es cortita.
– Está en los huesos, pero no se ahogaría sí se cayese en el mar. Los dos flotadores que tiene como pechos la sacarían a flote.
– Se la he enseñado a mi marido para ver sí le gustan este tipo de mujeres y me ha dicho que resulta patética.
– Pues mi marido dice que, con diferencia, yo estoy mejor que ella.
– Cuando abre la boca sube el pan.

– Etc.

Y así, Whatsapp va Whatsapp viene, durante horas y horas. Lo triste de todo ello es que esa chica es amiga, de casi todas las que integran el susodicho grupo de whatsapp, en Facebook. Eso me hace cuestionarme la «amistad ilusoria» de los amigos en las redes sociales y, «por ende», la hipocresía social.

Con esto no tiro piedras en el tejado de los demás e intento quedar yo como una santa que no ha cotilleado o cotillea de nadie, pues es algo inherente en la humanidad lo de comentar hasta la saciedad los defectos o virtudes de nuestros congéneres. Sin embargo, echo de menos esa privacidad que había antes cuando no se aireaba todo a través de las redes sociales, sino que se contaban las cosas en la calidez y confianza de amigos íntimos que sabías que no te iban a traicionar así como así. Aunque también es cierto que hay muchas personas que sólo ven en los demás lo positivo y no lo negativo, por lo que es súper agradable escucharlas. Conozco a sujetos muy prudentes que cuando hablan de los demás siempre es para justificarles sus actos o sus palabras. Es una pena que sean una minoría.

¿Qué lleva a la gente a ser tan cruel con sus semejantes?

Mi teoría al respecto es que necesitamos creernos mejores que el resto para sentirnos menos desgraciados, más listos, más guapos, etc.

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Sin embargo, somos lo que somos y debemos respetar que los otros sean o aparenten ser lo que ellos quieran. Debemos juzgar menos y tender más la mano. Podemos olvidarnos un poco de los estereotipos «normales» y empezar a respetar las diferencias. Y sobre todo, analicemos profundamente si nos compensa o nos desprestigia, como seres con raciocinio, lo de cotillear por cotillear innecesaria y destructivamente.

Como dijo Gandhi: “La felicidad se alcanza cuando lo que uno piensa, lo que uno dice y lo que uno hace está en armonía”. Yo, de momento, voy a empezar a pensar más y a hablar menos, aunque eso no cuente a la hora de escribir, 🙂 🙂 🙂

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“Siempre hay alguien que sufre más que tú, y tienes dos opciones o pudrirte por dentro o bailar al ritmo de la vida”. Otra frase que me encanta, del anciano superviviente judío del holocausto, de la película que está ahora mismo proyectándose en los cines de España, Kamikaze, cuyo director es Alex Pina.

¡¡¡Cookies Girls, que no os pudran por dentro los pensamientos destructivos de los cotilleos, sino que bailéis con juicios positivos y brillantes al ritmo de la vida!!!

 

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