Imagen

Soy y estoy rodeada de cuarentañeras. En la última reunión en la que nos juntamos entre quince y veinte chicas, un cumpleaños infantil, una tercera parte éramos cuarentañeras y el resto treintañeras. Todas estamos más o menos bien físicamente y aparentamos menos edad de la que atesoramos. Hoy pretendo analizar las conversaciones que tuvimos en el par de horas que duró el cumpleaños. Éstas versaron sobre cuatro temas concretos:

Imagen

1. Bajar de peso. Casi todas las chicas se mostraban descontentas con su peso actual y, o bien están haciendo régimen con un naturópata o se dejan la piel haciendo ejercicio. Las primeras van todas al mismo y comentaban lo borde que es cuando las pesa y lo mal que se sienten por sus críticas degradantes -tipo House-, pero que se lo perdonan todo porque consigue resultados con el tratamiento individualizada, dieta incluida, que les aplica a cada una. Aunque ellas se saltan esa dieta continuamente: con las cervecitas del fin de semana, las comidas familiares, eventos varios o como aquel día con el exquisito trozo de tarta que nos ofreció nuestra anfitriona. Está clarísimo que se muestran encantadas de contribuir a que el naturópata no entre en crisis porque el negocio le vaya mal. Las segundas estaban llevando al límite lo del ejercicio físico, ya fuera con un preparador personal o yendo por libre. Se comentó que ya había habido alguna lesión grave y que los resultados se notaban más en unas que en otras. Las que estaban consiguiendo adelgazar y tonificar sus cuerpos se hallaban eufóricas y soltaban píldoras como que les había subido el lívido y que ahora sentían un mayor deseo sexual hacia sus parejas. En cambio, las que les costaba más trabajo conseguir rebajar unos cuantos gramos se mostraban mustias y bromeaban enseñando fotos de Facebook o WhatsApp donde se ven chicas con tallas grandes o que sin photoshop no tienen cuerpos tan esculturales. También se escuchaban susurros en los que se dejaba caer que tal o cual estaba adelgazando, pero que se había convertido en una vigoréxica, o, a saber el hambre que estaría pasando la jodia. En estos comentarios la mala leche y la envidia rezumaban a raudales.

Imagen

2. Los grupos de WhatsApp. Me quedé pasmada de que algunas de mis amigas o conocidas sacaran este tema y comentasen, la que menos, que llevaban para adelante cinco o seis grupos de WhatsApp. La media de los mismos, por cabeza, sería entre ocho y doce grupos: whatsapp de los padres de tercero, cuarto, quinto o sexto de primaria; whatsapp para el regalo de cumpleaños de tal; whatsapp para los que se apuntaban para hacer el camino del Rocío en carroza; whatsapp de los familiares de una; whatsapp de los familiares del marido; whatsapp de primos hermanos o de primos segundos; whatsapp de compañeros del trabajo; whatsapp de los compañeros “más íntimos” del trabajo; whatsapp de las madres que se ven en el parque por las tardes; whatsapp de la comida de jubilación de un compañero; whatsapp para ir al cine a ver Ocho apellidos vascos, etc. Grupos para todo y de toda índole. Allí las veías a ellas charlando animadamente, tomándose el café, comiéndose la tarta…, a la vez que contestaban de manera compulsa los whatsapp que recibían. El sonido de quince móviles en acción encima de la mesa, cada uno con un soniquete diferente, era para partirse de risa o para tirarse de los pelos. Sin duda, resultaba la mar de hilarante. Además se iba contando lo que se hablaba en esos grupos y lo que se contestaba. Daba igual si no se conocía a ese compañero que se jubilaba o si el problema familiar de tal o cual a una servidora o al resto de los presentes les traía al pairo. De los cuatro hombres que había en este evento, sólo uno estaba pendiente del móvil. Se está separando y el pobre necesita esta herramienta tanto para estar en contacto con su ex como para desahogarse de este marrón que se le ha venido encima. ¿Los hombres están menos enganchados al whatsapp? O, ¿los cuatro especímenes que estaban allí no pueden ser representativos del estudio y de los de su género por estar en desventaja numérica?. 🙂 🙂 🙂

Imagen

3. ¿Renovar o no renovar el armario? Todas o estábamos fatal de ropa o con eso de adelgazar y engordar el armario se había vuelto tan loco como nosotras. Pero, claro, la crisis es la que manda hoy en día y no está el ente como para ir por ahí como Pretty Woman. Así que, allí se planteó hacer un «mercadillo de segunda mano» aprovechando que llega la primavera y, dan ganas de airear la ropa, cambiar la del invierno por la de temporada. Al principio nos animamos bastante porque podía ser hasta divertido vender o cambiar la ropa que ya no utilizamos, que no nos gusta tanto como cuando la compramos o simplemente porque, por un motivo u otro, ya no nos queda bien. Más tarde se fue caldeando un poquito el ambiente, porque eran más las chicas que habían bajado de talla y las que ya teníamos una talla pequeña que las que pasaban de la cuarenta y dos. Dicho mercadillo iba a estar muy descompensado. Sólo un par de chicas se desharían de lo que ya no querían y todas las demás tendríamos que luchar, con uñas y dientes, por conseguir las mejores piezas. Ufffff, un asunto peliagudo. Al final se optó por no hacerlo, pero de espaldas a las demás, con sigilo y disimulo, un par de ellas quedaron con la que dijo que iba a hacer una buena limpia en su ropero porque ya estaba harta de ver las mismas cosas en el mismo y que esta temporada se iba a dar un homenaje. Espero que no se divulgue esta traición, ya que sino se clavarán cuchillos en la espalda de más de una. 🙂 🙂 🙂

Imagen

4. Los antidepresivos. La mitad de las mujeres reunidas los toman y hablan de ello con total naturalidad, como si fuese igual que ir a comprar al Mercadona esos picos integrales que resultan tan adictivos. Cuando les pregunté que es lo que les ocurre para que se estén medicando, lo que me contestaron fue: unas porque tienen las hormonas revolucionadas, ya que están pre-menopaúsicas, y las pastillas les alivian algunos de los desórdenes típicos como los sofocos; otras los utilizan porque en esta etapa de su vida están pasando algún trastorno de ansiedad o una depresión. Los cambios hormonales, los cambios vitales, el miedo a envejecer, etc. En esta etapa de sus vidas propician las angustias existenciales que les llevan a esos estados. Así, no es extraño que muchas de ellas estén tomando un montón de medicamentos para paliar el insomnio, los cambios de humor, la irritabilidad, la ansiedad, el cansancio, la falta de concentración, etc., que se ha incrementado más si cabe por los problemas que provienen de la crisis por la que está pasando España y el mundo entero. Las cuarentañeras del grupo necesitan sus chutes de serotonina como solución a sus problemas o por los menos les sirven para reducir los síntomas físicos que las agobian y que provienen de ellos. Otra alternativa sería las terapias alternativas y algunas de las féminas, un poco asustadas por el pastilleo que se introducen en el cuerpo diariamente, están pensando en probarlas porque las consideran menos agresivas. Cuando se trató este tema no hubo risas, ni insolidaridad, sino tristeza en los rostros y alguna lágrima solitaria, además de mucha complicidad y entendimiento entre súper mujeres que llevan el trabajo, la familia y la sociedad para adelante.

Imagen

Resumiendo, éstos fueron los temas que se trataron, aquella tarde pre-primaveral, en un grupo de cuarentañeras. Pudimos hablar de otros asuntos o contarnos otras historias, pero esto es lo que hay. Sed buenas Cookies Girls, cambiar el mundo y si no podéis hacerlo o no hay ganas…, siempre os quedará modular vuestro cuerpo, trocar vuestro círculo personal a través de whatsapp o airear vuestro armario, pero no os olvidéis de ser felices y de huir de todo lo que os pueda causar un trastorno de ansiedad o una depresión.

Anuncios