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¿Por qué una entrada con este tema? Pues porque siempre me he considerado un poco friki pero últimamente esta etiqueta sale mucho en las conversaciones con mis amigos o conocidos y, ¡ellos también se encasillan con este término! Si tenemos en cuenta que casi todos hemos pasado de los cuarenta… ¿no será que creemos que nuestras rarezas, manías, caprichos, obsesiones o hobbies nos hacen diferentes?

El Diccionario de la RAE concreta tres acepciones para esta palabra:

Friki.

(Del ingl. Freaky).

  1. adj. coloq. Extravagante, raro o excéntrico.
  2. com. coloq. Persona pintoresca y extravagante.
  3. com. coloq. Persona que practica desmesurada y obsesivamente una afición.

Por otro lado en la Wikipedia encontramos como ha sido la evolución de este enunciado desde que apareció por primera vez. Se denominaba así a las personas que se distinguían por tener alguna malformación física; más tarde hacía referencia a aquellos personajes que actuaban de forma extraña; posteriormente se designó con este término a los especialistas en algún tema no bien visto por la sociedad, o, que eran infantiles, inmaduros o impropios del sujeto. En la actualidad se designa a un grupo más amplio de individuos: a los que están muy interesados en un tema específico y por eso se creen diferentes, o llaman la atención, de los demás por sus aficiones o hobbies.

Teniendo en cuenta lo anterior vamos a ver si puedo catalogar como friki a más de una persona de las que se circunscriben a mi alrededor. E aquí una serie de ejemplos que van a estar representados por los nombres de sus excentricidades:

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En primer lugar, mi amiga “la princesa Mononoke” que es una fan incondicional de las películas y los cómic manga. Además, se considera una Pin-up girls o chica sugerente y picante. Actitud que solo ejecuta en la intimidad con su pareja, aunque en las conversaciones suelta algún puntillazo de vez en cuando, sobre todo cuando está entre amigas. Es fan de la lencería sexy, como ligueros, corsés, picardías, disfraces, etc. En todo parloteo, en sus redes sociales, en cada parcela de su vida emerge la palabra friki. Le gusta sentirse diferente, pero ¿es realmente distinta a los demás? Por lo que conozco de su vida está muy apegada a las artes en general, es imaginativa y «un culo de mal asiento». De vez en cuando, muestra arrebatos de genialidad que no puede desarrollar plenamente porque su ordenada y «perfecta» vida se lo impide: es funcionaria, está casada y tiene dos hijos. Si tuviera que situarla al lado de alguna de las acepciones anteriores dudaría mucho porque no encaja en ninguna. Haciendo un gran esfuerzo la colocaría tras el segundo significado que da el DRAE, pero en el fondo no me convence del todo.

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Ahora os hablaré de “la chica vigoréxica”. Algunos de los síntomas de este trastorno conductual es la necesidad de sentirse «bien» físicamente. Es muy cuidadosa con las dietas para poder conseguir un cuerpo musculoso y delgado. A esta chica su afán de perfeccionismo es lo que le lleva a convertirse en una Rambo, pero también que le encanta la estética y la moda, aunque no es una esclava de las tendencias. Si a mi amiga le hubiesen dicho hace unos años que se iba a enganchar al deporte se hubiese partido de risa, porque llevaba una vida totalmente sedentaria. Y hay que verla ahora: una hora de Pilates, otra de Zumba, hora y media de máquinas en el gimnasio y para finalizar se va a correr escuchando música de los ochenta o de los noventa en su iPod. Sus proezas deportivas suele registrarlas en aplicaciones como Runtastic, que anota el ritmo al que marcha, las distancias recorridas, las calorías “quemadas”, etc., porque le encanta medir, examinar y dejar plasmado en gráficos el esfuerzo realizado. Si a todo ello le añadimos que por su inseguridad necesita sentirse rodeada constantemente de gente, ya tenemos bastante delimitado su perfil. Además, si no hay ningún evento cerca para celebrar con los amigos, pues ella monta un sarao en casa donde no va a faltar la música que a ella le gusta o las delicatesen que prepara su adorable y sacrificado marido. No debo olvidar otra faceta muy importante de su personalidad, que es una gran devoradora de cultura. Adora ir al cine, a conciertos, al teatro o la buena literatura, e, intenta dedicar todo el tiempo que puede a estos menesteres. Como comprenderéis las obligaciones del hogar, con una agenda como esta, las deja en manos de una fiel limpiadora y de su pareja. A esta chica le viene que ni pintada la tercera acepción del DRAE por ese deseo compulsivo de disfrutar, como si no hubiese un mañana, de sus aficiones. ¿Es egoísta por ello?

Tirando otra vez del DRAE:

Egoísmo.

(Del lat. ego, yo, e –ismo).

  1. m. Inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás.
  2. m. Acto sugerido por esta condición personal.

Bueno, entonces en qué quedamos… ¿friki, egoísta o simplemente ella?

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Me parece que todavía no he descrito a nadie que pueda denominarse totalmente friki. Vamos a ver que os parece “la compradora compulsiva”. Comprar se ha convertido en uno de los grandes placeres modernos. Si estás con subidón de hormonas y te sientes de bajón, te vas de compras; si has discutido con tu pareja y no tienes cerca una amiga con la que desahogarte, tiras de la tarjeta de crédito; si has tenido un día de perros en el trabajo, te desquitas adquiriendo aquello que te parecía tremendamente caro, pero que en un momento así necesitas para sentir que vale la pena todo lo que aguantas en el curro; si hay cambio de estación, pues hay que renovar el armario; etc. Analizado de esta manera más de uno o una seríamos catalogados como compradores compulsivos. ¿O no? Sin embargo, el problema comienza cuando no se trata solamente de ir puntualmente a satisfacer un deseo o una necesidad, sino que se siente con ello un PLACER supremo que dura apenas unos instantes de gozo y, luego, hay que volver a empezar de nuevo. Una de mis compañeras de trabajo actúa de esa manera. Ella se considera una friki de las compras, ya sea pateándose las calles de tiendas o las realizadas on-line. Y abarcan todo tipo de cachivaches: ropa, calzado, papelería, menaje de cocina, objetos de coleccionista, cambios en el mobiliario de su hogar y bártulos de todo tipo. Lo que ella considera un rasgo de su personalidad puede resultar un problema patológico, porque se muestra ansiosa por poseer artículos innecesarios y que afectan seriamente a su día a día. Ya sea porque siempre va con estrecheces económicas o porque le perjudica en su vida social, laboral y familiar. ¿Friki o principio de una enfermedad mental?

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Le toca el turno al “friki de las nuevas tecnologías”. Si miramos a nuestro alrededor sólo vemos personas que continuamente interactúan con ellas, así que me cuesta diferenciar a aquellos que están más «enganchados» que otros. ¿Nos relacionamos más con las máquinas, hoy en día, que con el contacto directo? Punset en un artículo sobre el papel de las redes sociales en la comunicación actual y su potencial en el futuro dice lo siguiente:

Los videojuegos son útiles, divertidos y educativos, aunque no todos los programas resulten útiles…”. “El sistema educativo tiene que plantearse utilizar los videojuegos como un instrumento educativo”. “Es una manera de huir de la aburrida realidad de localizaciones y verbalismo”. “El futuro de la educación es algo totalmente distinto, que se parece muy poco a lo que aprendieron generaciones anteriores”.

“¿En el futuro viviremos mejor o peor? El desarrollo tecnológico nos hace pensar que mejor, pero también más solos”. “La comunicación actual fluye por los canales digitales, cuyo dominio es imprescindible para comunicarse con los demás” . “ Ahora, me pregunto si las demandas físicas y locales, como el hambre o el sexo, han cedido la preferencia a las demandas de orden genérico y psicológico, como participar en las redes sociales. Para que nadie se sienta apesadumbrado por el mundo que supuestamente viene, me gustaría terminar esta reflexión como la había comenzado. Resulta que cuantas más redes sociales se atiende, mayor cantidad de masa gris genera el cerebro, capacitándolo para efectuar tareas hasta entonces insospechadas”.

Si queréis conocer más de lo que piensa, sobre el tema, este gran filósofo e intelectual podéis ojear su blog:

www.eduardpunset.es

Está clarísimo que las nuevas tecnologías han cambiado nuestra forma de vivir y quién no lo quiera ver tiene un problema porque se está quedando anclado en «los tiempos pasados fueron mejores». Sin embargo, no podemos obviar los problemas que acarrean. Por ejemplo, si te levantas por la mañana pensando si tendrás WhatsApps que leer, ojeas tu muro de Facebook mientras desayunas o entras en Twitter para ver si has llegado a tal o cual número de seguidores. Una cosa es ser tecnoadicto, la mayoría de las personas que conozco lo son, y otra bien distinta es sufrir un trastorno psicológico por las tecnologías. El otro día quedé con una amiga para ir a un cine que nos queda a veinte minutos de nuestro lugar de residencia, en coche, y a mitad de camino se dio cuenta que se había dejado el móvil en casa y me pidió que volviésemos a buscarlo. Así lo hicimos. Ya dentro del cine, estábamos solas porque con la crisis y la piratería no va nadie a ver películas,  se dedicó a entrar en Facebook o a contestar los mensajes de WhatsApp y ¡estábamos viendo un peliculón, “La gran estafa americana”!

Así pues…, ¿friki o nueva forma de vida como dice Punset? Imagen

Wikipedia: “Normalmente un friki está interesado en la informática, la electrónica, la ciencia, la filatelia, los videojuegos, cómics, películas, libros y series de ciencia ficción, fantasía o terror, el manga y el anime y juegos de rol, pero el término puede extenderse a muchas aficiones a temas alternativos, con gustos específicos”.

¡¡¡Hasta hay un día del orgullo friki!!! El 26 de mayo.

Y yo…, ¿soy o no soy una friki? Pues visto lo visto…, soy una más entre los mortales. Al parecer todos llevamos a cuestas, unos más que otros, algo de síndrome de Dunning-Kruger, o lo que es lo mismo… un poco de estupidez y vanidad según lo cual queremos creer que hay algo dentro de nosotros que nos diferencia del resto de los de nuestra especie. Ya sea más inteligencia, más clarividencia, más guapura, más habilidades, más competencia, etc. Darwin dijo: “La ignorancia engendra más confianza que el conocimiento” y, ¡cuánta razón tenía! Todos, menos los que son sumamente inseguros, tendemos a mirarnos en un espejo interior y vernos por encima de, por lo menos, la media de nuestros conciudadanos. Para descojonarse si reflexionamos un poquito en ello. No es cuestión, ahora, de que tengamos que perder la seguridad en nosotros mismos, pero tampoco debemos ir de sobrados ni debemos de catalogar lo que nos diferencia de los demás como si esa fuese nuestra verdadera identidad. Son más las semejanzas, lo que nos une a otro ser humano que esas minucias de diferencias que creemos ver por todos lados.

Y aquí lo dejo, porque si sigo por estos derroteros me voy a poner a filosofar y eso seguro que lo hacen mejor los frikis filósofos. 🙂 🙂 🙂

¡¡Feliz puente de Andalucía, cookies girls!!

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