Llevo muchos días sin escribir una nueva entrada, pero es que estoy fraguando el argumento de una ¡¡¡novela!!! Un thriller que discurre en el pequeño pueblo donde vivo. Así que no sé si voy a poder ser constante con este blog. Otra opción es ir publicando los capítulos en él, pero eso lo veo complicado ya que reescribo constantemente lo que voy creando. Por ahora, aquí os dejo unos breves relatos inspirados en la «gente corriente» que me rodea.

 

Amigas

Tomando café con cuatro amigas les pregunté: ¿Para vosotras qué es el erotismo?

Y estas fueron sus respuestas:

– Raquel, la intelectual: “El concepto de erotismo proviene de Eros, dios griego del amor y del deseo sexual, hijo de Marte y de Venus”.

– Patricia, esposa y madre: “Para mí es fantasear con un desconocido e insinuarme a mi marido cuando éste vuelve a casa”.

– Ana, la ejecutiva agresiva: “Es utilizar la imaginación o la fantasía para acabar follando”.

– Beatriz, la ingenua: “¿Pero erotismo no es igual que pornografía?”.

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Mentiras

Te he mentido, te miento, te mentiré para que seas feliz.

Finjo los jadeos, noche tras noche, aunque mi cuerpo pida tu piel a gritos. Miro la caricatura de nuestras entidades en el espejo del armario e inscribo la escena dentro de cierta fantasía y artificialidad.

Me he mentido, me miento, me mentiré para conseguir ser feliz.

Hay autocensura en mis palabras y culpabilidad por liberarme, pero no puedo dejar el esperpento que es mi vida. sólo deseo que tú nunca dejes de pedirme: “Por favor, hazme el amor”.

E-mail

Me emocioné cuando recibí tu e-mail. Me excité por lo misterioso de la cita. Sentí miedo al pensar…, si estaría a la altura de la sorpresa que preparabas.

Cuando llegué a tu apartamento encontré la puerta abierta. Accedí y me envolvió la música de la banda sonora del “Piano” de Michael Nyman.

Una tenue luz me dirigió hacia el salón, donde la mesa estaba puesta para dos: velas rojas, flores frescas, tu mejor vajilla, mantel dorado con pétalos naturales de rosas rojas, copas “Tulipa”, una botella de champaña, bandejas de plata con un sinfín de “delicatessen”…

Ya para entonces, me moría de deseo por descubrir las divinas formas que escondes bajo esas originales prendas que vistes.

Te llamé dulcemente y tú apareciste vestida, sólo, con lencería fina. No podía dejar de mirarte y apenas si escuché: “Cariño, ¿te apetece empezar con los aperitivos? o ¿prefieres pasar directamente al postre?”.

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Percepciones distintas

Notaba las piedras clavarse en su espalda bajo el peso de Víctor, pero…, ¿cómo decirle que estaba incómoda cuándo habían esperado tanto tiempo este momento? Él la poseía con ímpetu, ella sufría en silencio.

Ella: sin ganas (por la incomodidad), con prisas (para que acabe el suplicio), sin voz (reprimiendo los ¡Ay!) y con lágrimas en los ojos (por el dolor en la espalda).

Él: sin precipitarse (pensando en ella), con una sonrisa en los labios (viendo sus lágrimas de felicidad), sin cortarse en sus gemidos (ya que está disfrutando) y con arrebato (por lo que habían deseado ese instante).

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